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H1N1-B


La neblina era espesa, tanto como un algodón de azúcar, pero por su parte esta causaba una sensación de claustrofobia más que de placer, la lluvia caía en un principio a cuenta gotas pero después parecía como si el cielo se despedazara. Jorge Robledo y Adrián Becerra decidían sobre detener o no el autobús en el que se dirigían a la ciudad de Monterrey a sabiendas de que algunos de los pasajeros se mostrarían inconformes, pero era eso o arriesgarse a quizá tener un accidente de proporciones fatales y es que aunque el autobús estaba preparado para sobreponerse a cualquier tipo de circunstancia natural aquella era una situación fuera del alcance de la maniobrabilidad de Jorge o del amarre de las llantas al asfalto pues como dicen uno puede venir incluso con la mayor de las precauciones pero el destino es el destino y quizá alguien más con un poco menos de coherencia o mejor conocido como cafre del camino venga desenfrenadamente a alta velocidad y realmente los hay a Jorge le constaba por un familiar indirecto del cual había sabido que había muerto en la ciudad al intentar llegar a casa lo más rápido posible bajo una tormenta eléctrica y todo para no verse envuelto en el embotellamiento -Pienso que lo mejor es que te orilles, al menos deja que la lluvia se calme un poco y luego le seguimos, si quieres yo me lo llevo desde aquí- Dijo Adrián mientras se detenía con ambas manos del tablero, Jorge miro por el retrovisor y vio a la mayor parte de la gente dormida, algunos tantos miraban por la ventana mientras el resto (muy pocos) miraban el televisor. -Quizá en el próximo descanso porque aun pararnos aquí se me hace algo riesgoso, deja que lleguemos mas delante ¿te parece?- Adrián torció la boca. -¿Pues qué más?, quizá deba ir comentándoles, creo que sería lo más apropiado- Tomo el micrófono y bajo el volumen de los televisores donde Tin-tan hacia una cara absurda vestido como cavernícola. -Estimados pasajeros, les habla su copiloto, Adrián Becerra, lamentamos tener que molestarles, pero bajo las circunstancias que nos rodean y con el claro empecer de la neblina por condensarse más, hemos decidido posponer un poco el trayecto del viaje considerando que este breve descanso nos sirva para que la carretera se despeje un poco más, por su atención gracias y de antemano una disculpa- Puso el botón en “off” y coloco de vuelta el micrófono en su lugar. De pronto y de lo más profundo del autobús se levanto una mujer de entre treinta o treinta y cinco años de edad, – Disculpe señor- Dijo dirigiéndose a Jorge -¿Cuánto tiempo estaremos detenidos?- Jorge agacho la mirada y luego dio un vistazo al espejo lateral regreso la vista hasta encontrarla con Adrián. -Pues no lo sé aun no lo decidimos, quizá solo hasta que baje un poco la lluvia- La mujer se llevo la mano a la cabeza. -No quisiera ser inoportuna, pero es que cargo con mi hija, ella está muy enferma y necesitaba llegar cuanto antes a la ciudad para que me la atendieran- Jorge miraba fijamente a Adrián como buscando que le diera una respuesta a la mujer a lo cual carraspeo la garganta. -Nosotros entendemos su situación señora, pero espero que también usted entienda que es muy difícil para nosotros manejar en esta situación, sobre todo por el riesgo en el que los exponemos a ustedes como pasajeros- Dijo Adrián a la mujer que se tocaba la frente con el lado opuesto de su tambaleante palma. Su mirada se puso triste y parpadeo quizá dos o tres veces antes de soltar un leve suspiro y dijo entre labios -“bueno”- que sonaba como una resignación a la decisión de ambos, dio media vuelta y regreso hasta las penumbras del autobús. -Te dije que habría quien se quejara- Le dijo Jorge mientras miraba forzando la vista intentando buscar la zona de descanso. -Sí, lo sé, pero deben entender, esto es peor que una gripa, quizás debas quitarles la película y ponerles el radio para que escuchen las noticias, eso les haría entrar en razón- Adrián se notaba molesto pero dentro de sí controlado, no podía culpar a nadie, solo al maldito clima.

Las líneas blancas de la carretera apenas se dibujaban en el suelo y comenzaron a moverse hacia arriba, haciéndose entender que habían entrado en una curva, Jorge vio como dos ojos amarillos resplandecían de entre la blancura que tenia al frente, se trataba de dos faros de niebla colocados en la parte superior de una Ranger que paso a toda velocidad junto a ellos, Jorge piso el freno y el autobús amarro las llantas traseras, aunque no iban muy fuerte el peso y la humedad los hicieron derrapar, Jorge sintió como un frío le recorría de la cabeza hasta los pies, Adrián se agarro de lo que pudo y soltó un pequeño grito de sorpresa, Jorge por su parte reacciono pisando de vuelta el acelerador sin virar el volante hasta que el control regreso a sus manos. Siguieron así por algunos dos minutos, tal vez solo en lo que los dos asimilaban lo que acababa de suceder. -¡Basta! detén el autobús, yo creo que ya es suficiente así que oríllate- Dijo Adrián un poco exaltado. Jorge comenzó a salirse poco a poco del camino, las piedras se levantaban y topaban con la parte baja del camión mientras este se meneaba de un lado a otro por los desniveles de la tierra. Jorge dio vuelta a la llave y el autobús vibro un poco justo antes de apagarse. Todo quedo en silencio por unos minutos, solo se escuchaba el golpeteo de las gotas en el techo y el ventanal frontal. De pronto se escucho un sonido viciado en las bocinas a lo largo del autobús, era Adrián que había tomado de nuevo el micrófono. -Queridos pasajeros, como abran notado, tuvimos que salir de emergencia a un costado de la carretera, aparentemente un conductor apresurado nos ha hecho derrapar y creemos que ya es el momento de salir y esperar a que todo esta situación se calme un poco, cualquier duda o situación particular háganosla saber, por el momento es todo, gracias- De nuevo se escucho el sonido viciado. -¿Que fue eso Jorge?- dijo Adrián en un tono molesto mientras dejaba el micrófono. -Fue la camioneta, paso demasiado rápido y me hizo sentir como nos empujaba con su aire, me asuste y pise el freno- Adrián torció la boca. -Eso ya lo sé, lo que te pregunto es ¿porque no habías parado aun, que no ves los riesgos?- Jorge presiono un botón en el tablero y la puerta soltó el sonido como si un aire a presión saliera disparado, la puerta salto y se recorrió hacia atrás, Jorge se levantó y tomo la chaqueta que había colgado en el respaldo del asiento y se bajo del autobús. Adrián desconcertado lo miro hacerlo y luego regreso la mirada hacia los pasajeros, muchos continuaban dormidos, pero el resto lo estaban observando. Adrián tomo también su chaqueta y se enfilo detrás de Jorge. -¿Que te pasa, porque te bajas así?- Jorge no le respondió, la lluvia arreciaba y les mojaba las ropas. -Contéstame, ¿te volviste loco o qué?- Jorge caminaba rodeando el autobús, tapándose (o al menos eso intentaba) con el antebrazo, de pronto se detuvo y señalo una de las llantas. -¿Vez eso?, es por eso que no me quería orillar en cualquier parte- Adrián pudo ver como una de las llantas estaba completamente baja, se veía como una masa negra, húmeda e inservible. Ambos regresaron dentro del autobús. -¿Que haremos?- Pregunto Adrián. -Pues me imagino que seguir el plan inicial, esperaremos a que la lluvia baje y luego bajamos cambiamos la llanta y listo, nos largamos cuanto antes de aquí- Sin darse cuenta la gente los había oído y muchos de ellos ya curioseaban por las ventanas para ver si lograban ver algo.

Habían pasado una hora, la lluvia no había cesado e incluso había subido su intensidad, la neblina solo les permitía ver unas borrosas manchas luminosas que pasaban por un costado, donde suponían estaba la carretera, Ni Jorge ni Adrián se habían animado a confirmarles a los pasajeros la situación de la llanta pero había sido evidente que los habían escuchado. Una tos intensa venia desde el fondo y los había estado acosando durante toda esa hora, de pronto la mujer salió de nuevo desde el fondo. -Disculpen, lo que pasa es que mi hija está peor, tiene la fiebre demasiado alta y no deja de toser, tengo miedo de que me vaya a convulsionar o algo así, ¿pueden ayudarme?- Se miraron mutuamente, Adrián abrió la boca y antes de que pudiera decir algo Jorge tomo el micrófono. -Estimados pasajeros, les habla Jorge Robledo el chofer de esta unidad, necesitamos de su ayuda para saber si dentro de la gente que nos acompaña hay algún médico, por su ayuda gracias- No pasaron más de un minuto cuando un hombre joven con la marca verdosa en donde se supone va la barba, usando prismáticos se acerco hasta donde estaban ellos. -Buenas tardes, mi nombre es Christian Hernández, soy médico pasante, en que les puedo servir- dijo en voz baja y temblorosa, como si no estuviera muy seguro de lo que estaba diciendo. Jorge se levanto del asiento y tomo a la mujer por el hombro. -Llévenos con su hija- La mujer sorprendida se tardo en reaccionar pero se enfilo hasta el fondo del autobús donde el cuerpo de lo que parecía una niña de entre ocho y diez años se encontraba en posición fetal, tras la pequeña y ajustada blusa blanca se notaban sus costillas expandirse y contraerse muy rápidamente -Ella es mi hija- señalo la mujer, el joven se acerco y puso la mano en su axila -Dios!, esta niña debe estar hirviendo por dentro, tenemos que apurarnos a ponerle fomentos de agua, creo que tengo algunos harapos viejos en mi maletín- Dijo mientras señalaba un pequeño maletín que había dejado donde comenzaba el pasillo. Jorge regreso rápido hasta el y lo abrió saco unos pedazos de tela y se los entrego a Adrián. -Toma, haz algo de provecho, sal y mójalos- Adrián desconcertado los tomo y comenzó a enrollarlos saco la mano por la puerta y espero a que quedaran completamente empapados, mientras que Jorge había ido hasta donde el joven atendía a la niña cambiándola de posición, esto para no generar tanto vapor corporal hacia sí misma, saco del maletín un pequeño tubo de mercurio y lo coloco en la axila de la niña -Debemos esperar un poco, tenemos que saber su temperatura exacta- todavía no acababa de decir esto último cuando la niña tomo aire y soltó un suspiro desalentador. -Miriam….- Dijo su madre en tono quebrado y como si las palabras se hubieran convertido en un nudo gigante. Jorge volvió a sentir el mismo escalofrío como cuando el autobús derrapo mientras que la mujer sentía un calor emanante del centro de su estomago, al grado que unas lagrimas brotaron de sus ojos los cuales se habían tornado rojizos en cuestión de instantes. El joven doctor la tomo y la puso sobre el suelo del pasillo, todo aquello se había vuelto un circo de treinta y tantos espectadores, intento aplicar sus conocimientos de resucitación, pero todo era inútil, la niña no respondía en lo más mínimo. La multitud quedo en silencio y solo el golpeteo de las gotas se dejaba escuchar nuevamente, la mujer de un momento a otro reventó en llanto y se abrazo a otra pasajera, el joven doctor toco el cuello de la niña, justo donde se encuentra la vena Orta se quito los lentes para terminar presionándose fuertemente entre sus ojos con el índice y el pulgar -Lo siento mucho- murmuro. Jorge y Adrián cayeron en la cuenta y sentían culpa. Adrián lo tomo por el brazo y lo llevo hasta la entrada del autobús. -Tenemos que hacer algo Jorge, sino vamos a terminar linchados o solo Dios sabe- Jorge se quedo pensativo mientras veía a la gente amontonarse para ver a la niña. -Quizá debamos convencerlos de que no sabíamos de la magnitud del problema, hablarles con la verdad y recalcarles los riesgos de la carretera- Adrián se toco la frente y bajo su mano hasta terminar con el puño en la barbilla. -No, creo que no me estas entendiendo, esto puede salírsenos de control, tenemos que arrancarnos ya, irnos de aquí y llegar lo más rápido posible a Monterrey- le dijo en voz baja pero con un tono un alto. -¿Pretendes que salgamos a cambiar la llanta con este clima y luego volvamos a la carretera para matarnos en cuestión de minutos?- Se hizo una pausa –Si- Dijo Jorge mientras se quitaba la chamarra – ¿Te has vuelto loco? – Jorge se acerco al rostro de Adrián y lo tomo discretamente por el cuello de la camisa. –Mira estúpido, no se tu pero yo quiero conservar mi trabajo tengo una esposa y tres hijos que mantener, si pretendes quedarte aquí entonces bájate y escóndete bajo la piedra más grande que encuentres- Adrián lo tomo por la muñeca –Jorge, tienes que entrar en razón, lo que estás diciendo es incoherente, esperemos a que baje la lluvia, al menos un poco- Jorge lo soltó –¿Y si no baja, y si se queda así todo el día, o que te parece si este es el fin del mundo y lo que tenemos encima es un diluvio divino?- Adrián sonrió –Pues entonces da lo mismo, si este fuera el diluvio de todos modos vamos a morir- Jorge sintió una pequeña rabia dentro de su estomago, como esa que sienten los niños cuando mama dice “No” y es que aunque no quisiera verlo esta vez era definitivamente no, aunque la llanta no necesitaba ser remplazada (para eso son dobles) muy probablemente derraparían con facilidad, ya que la carretera estaba cubierta de lodo y de alguna u otra forma podrían ser víctimas de la naturaleza.

La niña había sido tapada con una frazada que escondía alguien entre sus pertenencias y había sido colocada en el ultimo asiento del autobús, justo detrás donde se sentaba con su madre, la mujer había sido tratada de controlar pero cuando entro en un ataque de histeria, Christian (el pseudo doctor) le había administrado una buena cantidad de sedante para tranquilizarla un poco y hacerla dormir porque había estado a punto de golpear a ambos choferes.

El autobús entero estaba en calma, el silencio se hacía presente y tras bambalinas algo extraño se escondía, Christian se encontraba semi-acostado en el asiento reclinable cuando comenzó a escuchar tras de sí un balbuceo, en principio era como un susurro pero poco a poco se hacía más intenso y constante, se levanto y fue a ver lo que ocurría, temía que debido a la adrenalina el efecto del sedante hubiese cedido regresando a la mujer a un estado más consiente, para su mala fortuna fue así, ella se encontraba con el cuerpo inerte en sus brazos y se mecía lentamente en un vaivén, le acariciaba la cara mientras un par de lagrimas caían mojándole la mejilla –Perdóname cariño, en verdad lo siento mucho…- repetía constantemente y le beso la boca –Señora…- le dijo tocándole el hombro y la mujer no lo miraba –¿Señora se encuentra bien?- insistió Christian, la mujer por su parte comenzó a arrullar a su hija, la escena era deprimente y tétrica, tanto como si fuera sacada de una novela de Poe –Shh! Intento dormir a mi hija- Dijo la mujer en un tono que sonaba casi convincente mientras lo veía a los ojos y aunque influyo, no fue realmente lo que alarmo a Christian sino el ver el rostro inmaculado de la mujer, pálido como si estuviese muerta con los labios más secos que el desierto de Sonora y con sus ojos rojizos e irritados por tanto llorar. –Yo la entiendo, pero créame esto no es sano para usted- No le dejo terminar de hablar cuando su mano ya se encontraba tapándole la boca. – ¡Cállese, usted no sabe nada!- le dijo injuriosamente –pero señora…- intento recalcar cuando está de pronto soltó un gruñido extraño, su rostro había cambiado ahora parecía como el de un perro rabioso y sin pensarlo se le abalanzo empujándolo y yéndose con él hacia el otro extremo justo hasta la ventana, aunque el vidrio era grueso se astillo y en un movimiento desenfrenado la mano de Christian jalo la palanca de emergencia y ambos cuerpos cayeron rodando entre el lodo y las yerbas, como si fuese un acto de malabarismo la mujer se puso en pie a una velocidad impresionante para luego abalanzarse de nuevo sobre el cuerpo molido de Christian atacándole y mordiéndole el antebrazo a lo cual este solo le propino una bofetada para hacer que lo soltara, la mujer al sentir el golpe dejo de hincarle el diente y se hecho hacia atrás arrancando un pedazo de carne, todos observaban desde el autobús aquella situación enfermiza y la mujer solo se limito a mirar a todos lados, parecía estar desorientada y luego huyo escondiéndose ente los matorrales y arboles que difícilmente se notaban debido a la lluvia, por su parte Christian gritaba de dolor y angustia al no saber lo que había sucedido, se encontraba boca arriba con su brazo pegado al pecho y su ropa se veía invadida por una mancha rojiza que se expandía cada vez más, Jorge presiono un botón en el tablero y la puerta se abrió soltando un poco de aire proveniente del pistón eléctrico, bajo corriendo en dirección a Christian –¡Hombre!, ¿te encuentras bien, que fue todo eso?- Lo tomo por el brazo y se lo recargo hacia si para poderlo cargar y llevarlo de vuelta hasta el autobús –No lo sé, estaba solo hablando con ella y de pronto sus ojos se tornaron rojizos, sangraban o algo así y sin darme cuenta solo pude ver como se abalanzo sobre mí, no supe porque ni en qué momento, solo sé que cuando pude reaccionar la tenia frente a mí con la lluvia pegándome en la cara, pero aun así logre ver sus ojos que parecían furiosos, como endemoniados- Ambos hombres llegaron hasta la puerta del camión donde Adrian junto a un grupo de quizá tres o cuatro personas los esperaban para recibirlos y cobijarlos, la multitud se abrió y dejaron pasar al pseudo doctor, que temblaba por el frio y el dolor de su brazo tomo su maletín saco unas vendas un pequeño bote de alcohol unas cuantas gasas un pequeño botecito que decía en letras negritas penicilina y una jeringa aun esterilizada –Tome, ayúdeme por favor- Dijo dirigiéndose a Adrian quien lo había llevado hasta su lugar – Pero yo, yo no sé inyectar- Contesto Adrian con una voz temblorosa –No se preocupe, no tendrá que hacerlo, solo deténgame el bote y yo lo hare, después me ayuda con la venda- Jorge regreso hasta la puerta y se quedo mirando por si veía a la mujer merodeando, pero la maldita cortina de agua no había cedido ni un solo instante, regreso dudoso adentro y cerró la puerta, la gente se apelmazaba de nuevo impidiendo el paso de Jorge hasta el pseudo doctor el cual ya se encontraba mordiendo un pedazo de tela para aguantar el ardor que le producía el alcohol en la herida que aunque no era muy grande si era profunda. – ¿Como estas amigo?- dijo Jorge empujándose entre la gente –Pues bien…creo, es solo una pequeña pero latosa mordedura, esa mujer sí que está loca- dijo dificultosamente con la tela aun en la boca – ¿Que fue todo eso, porque se puso así?- Christian hizo una péquela pausa a su labor de enrollarse el brazo con la veda y tomo aire, conteniéndolo quizá por cinco o seis segundos – No lo sé, tal vez fue una reacción secundaria de la mezcla que le di en el sedante- Todos se miraron como sintiéndose culpables –¡Oye!, tu eres el doctor aquí, no me vengas con que lo que le diste no estuvo bien- replico Adrian que aun estaba en cuclillas junto a él . – ¡No!, no me refería a eso, es solo que quizá no debí hacer la mezcla sino hasta estar seguro- Dijo soltado un pequeño gemido que sonó modesto en comparación del dolor que lo había provocado al ajustar la venda al brazo –Exactamente a que te refieres dilo de una vez- Jorge se había parado junto a él para escucharlo con toda claridad –Pues, debido a que la niña presentaba signos de una fiebre alta y gripa severa supuse que trataba de esa nueva enfermedad que anda rondado por ahí, la tan nombrada fiebre porcina y como todos saben la fiebre se trasmite por medio de contacto sexual o por un simple beso, cuando me acerque a ella vi que constantemente la besaba en la frente y justo antes de que se pusiera histérica con ustedes vi como metió su dedo en la boca de la niña, quizá para ver su temperatura o no sé, así que para cualquier cosa quise prevenirme y le administre el tranquilizante y una dosis de Tamiflu, para que no contrajera la enfermedad de la niña, quizá me apresure quizá no ya que no sabemos desde cuando la niña presentaba los síntomas de una clara infección y si había tenido o no contacto de alguna manera con ella- Todos quedaron en silencio mientras una pequeña mancha rojo intenso aparecía en el centro del vendaje que rodeaba el antebrazo del pseudo doctor. – Quizá debamos hacer algo con la ventana, creo que quedo intacta en el suelo y podemos colocarla de nuevo- Adrian interrumpió ese amargo letargo silencioso que los acosaba a todos. –Sí, creo que será lo mejor, después nos ocuparemos de buscar a la mujer- Dijo Christian levantándose forzadamente.

Se agruparon ocho hombres, seis por fuera y el resto se encargaría de cuadrar el estrellado cristal dentro del marco, el agua no cesaba ni un instante, habían pasado cerca de cuatro horas desde que habían quedado a la orilla de la desaparecida carretera y en lugar de disminuir la lluvia se intensificaba como si la llave de una regadera estuviese abierta hasta el tope, en la carretera habían dejado de verse las lámparas amarillentas de coches circulando, el mundo entero se había detenido aquel día y todo a causa de aquella intensa lluvia, la neblina se disipaba y de nuevo aparecía, la gente había vuelto a sus lugares y se mantenían a la expectativa con respecto al cuerpo de la niña, nadie quería tocarla, ni si quiera verla, temían que fuese la fuente de la reacción de la madre y en cierto modo se habían vuelto un poco paranoicos si de hablar de su cuerpo se trataba. Jorge y Adrian se encontraban en la punta del autobús el primero en su asiento mientras que Adrian estaba sentado en el escalón más alto de la escalera, ambos mirando hacia el frente por si el agua les dejaba campo para salir huyendo de aquel lugar – ¿Y qué haremos si la lluvia termina Jorge? – Adrian se agitaba la cabellera con ambas manos mientras mantenía la cabeza agachada hacia sus pies –Supongo que bajar y buscarla, no podemos irnos sin ella, además no creo que haya llegado muy lejos, si esto fue a causa de un efecto secundario quizá ya se le paso y en este momento esta sintiéndose estúpida bajo la lluvia- Adrian soltó el aire de sus pulmones, que parecía haber guardado ahí durante el tiempo que Jorge hablaba –Pues eso espero, porque…- Sus palabras se vieron interrumpidas por el escandaloso sonido de neumáticos tratando de aferrarse al suelo empapado de la carretera, ambos clavaron sus miradas hacia la blanca cortina de gotas y en momentos pareció iluminarse como si fuese las luz de un faro, el rayo amarillo bajo y subió repentinamente, un golpe tras otro, frente a ellos una caja grisácea gigante daba vueltas y levantaba pedazos de tierra y piedras, la caja viraba y tras cada golpe se escuchaban vidrios quebrarse fierros retorcerse acercándose cada vez más a ellos, hasta que al fin se detuvo, lo suficientemente lejos como para sentirse aliviados pero lo bastante cerca como para notar que se trataba de una pequeña pick up de cabeza o lo que quedaba de ella.
–¡A eso me refiero!- Grito Jorge como si le diera gusto lo que acababa de ocurrir, se levanto y ambos salieron rápidamente para ver lo que pasaba, el resto de los pasajero se había limitado a apelmazarse en el vidrio frontal de la unidad mientras que Jorge y Adrian acudían en un acto heroico para saber si había algún sobreviviente.

Al llegar, un hombre permanecía inmóvil frente al volante y atado al asiento por su cinturón de seguridad, la sangre le escurría de la nariz a la cabeza y sus brazos colgaban hasta topar con el techo donde el cuerpo de otra persona se encontraba despilfarrado sobre los vidrios y algunas otras cosas, se apresuraron a sacarlos, resulto que el cuerpo tirado sobre el abollado techo era el de un hombre joven, quizá de algunos veintisiete años, Jorge se arrastro hasta dentro y batallo un poco en desabrochar el cinturón hasta que el cuerpo le cayó prácticamente encima, lo saco arrastras –Llevémoslos rápido hasta el camión, tenemos que ponerlos a salvo- le gritaba Jorge a Adrian mientras intentaba cargar el cuerpo. Al llegar a la puerta del autobús notaron que estaba cerrada, Jorge recargo el cuerpo que traía y alcanzo escuchar un balbuceo del mismo –Tranquilo amigo, ya estas a salvo- le dijo como si el hombre no hubiese estado en un accidente automovilístico, Adrian hizo lo mismo mientras que Jorge rodeaba hasta ponerse frente al camión, pego su cara al vidrio y se tapo poniendo sus manos alrededor para ganar visibilidad, adentro parecía un caos, la gente gritaba y pataleaba, en medio del pasillo el pseudo doctor lo veía con sus ojos cubiertos por una penumbra extraña, de pronto se lanzo contra el vidrio, haciéndolo retroceder algunos pasos hasta tropezar, Adrian que aun se encontraba agachado junto a los cuerpos de los hombres levanto su rostro asombrado al ver a su compañero caer al suelo de aquella manera –¿Qué pasa?- le grito -¡Corre!- Adrian puso cara de no entender a lo que se refería -¡Que corras estúpido, esto se salió de control, el doctor está infectado!- Adrian sintió un escalofrió que lo dejo petrificado frente a los cuerpos de los hombres que acababan de rescatar. –La…mujer…donde…esta- Dijo el hombre que había rescatado Jorge, el camión se agitaba de un lado a otro hasta que un vidrio estallo, era el mismo que se había estrellado, el mismo que había caído al piso, el mismo por donde la mujer había salido disparada con el cuerpo del pseudo doctor, en cuestión de nada comenzaron a salir las personas por aquel hueco gigante, algunos aun gritaba y maullaban de dolor, mientras que el pseudo doctor y alguno que otro se presentaban de un modo violento y gruñendo, tal vez igual o peor que como lo había hecho la mujer. Jorge sin pensarlo corrió rumbo a la carretera mientras que Adrian aun no podía creer lo que veía, un hombre que hacia algunas horas antes le había ayudado a cargar el vidrio para evitar que el agua entrara ahora se encontraba sobre el cuerpo de una mujer que gritaba y pataleaba, él la mordía intensamente en el cuello y chorros de sangre saltaban por todos lados, un hombre que ya se encontraba herido intento golpearlo con una piedra pero el pseudo doctor se abalanzo sobre de él impidiendo que lograra su objetivo, todo aquello era una masacre y Adrian seguía sin mover un solo dedo, en cuestión de segundos se encontraba rodeado por algunos de ellos a lo lejos y sobre la carretera Jorge logro escuchar claramente su grito, No había nada más que hacer, Jorge corría sin rumbo bajo una lluvia a la que había estado tratando de evitar, frente a él la silueta magullada de lo que parecía era la mujer, la madre de la niña, solo pudo ver su rostro morado y venoso, quizá debido a la infección quizá porque eso explicaba el accidente de los hombres que intento salvar, la boca le sangraba y sus ojos se veían más profundamente hundidos, sus dientes se veían descompuestos incluso pudo notar que faltaban algunos, levanto sus manos torcidas y arañadas abalanzándose completamente sobre él y al igual que su compañero de pronto se vio envuelto en su sanguinario final, la gente se había infectado y ahora lo devoraban tras de cada bocado.

La mañana del 25 de abril a las nueve horas, el gobierno de México anunciaba frente a la prensa y frente a millones de personas en todo el mundo que había registros de una nueva enfermedad denominada la fiebre porcina, AH1N1, la cual generaba gripe, tos, temperatura entre otras cosas, más nunca quisieron revelar que había un motivo real del cual preocuparse, el medicamento llamado Tamiflu fue motivo de mutaciones en algunas personas y tan solo se limitaron a retirarlo del mercado explicando que causaba leves efectos secundarios, en cuanto al caso reportado en una carretera a Monterrey, donde solo se encontró algunos huesos regados, ninguno perteneciente al mismo cuerpo, una camioneta volcada y un autobús abandonado que contenía el cuerpo de una niña solo se reporto como un hallazgo extraordinario, donde se forzó a la prensa no divulgar absolutamente nada de ello, La niña fue puesta bajo observación y actualmente se encuentra en el hospital universitario.

 
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Acerca de Emmanuel4G

Un chavo agradable que dará todo por lograr sus metas aficionado a la tecnolgia y perdidamente enamorado del amor de su vida su hermosa niña...

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